Guendalina

La famosa muñeca de los 50s y 60s. 

El nuevo estilo de mujer moderna, libre y auto suficiente al que aspiraban las españolas.

 

Guendalina, creada por el escultor José Sebatián Claver, medía 74 cm de altura y se inspiraba en las muñecas clásicas, pese a pretender remendar a su tocaya cinematográfica. Su éxito fue tal que en las navidades del mismo año de su lanzamiento, sus ventas superaron las 10.000 unidades, y se agotó en muchas ciudades de España. Un año mas tarde, en esa misma fecha, su producción y venta aumentó hasta llegar a las 16.000 muñecas.

La gran novedad de Guendalina en relación a sus antecesoras, “Mariquita Peréz”, “Gisela” o “Cayetana”, fue el hecho de encarnar un tipo nuevo de mujer. Así, mientras que “Mariquita Peréz” había sido la niña burguesa por excelencia, “Gisela” encarnaba a la niña de clase media y “Cayetana” a una jovencisima aristócrata, Guendalina era el nuevo estilo de mujer moderna, libre y auto suficiente que ya triunfaba en Europa y al que, sin duda, aspiraban las españolas.

 

Guendalina llegó al mercado de la mano de la conocida firma española “Famosa”, de hecho, se trata de su primera creación propia, ya que el resto de muñecas que vendía en sus inicios eran de las distintas empresas que se habían fusionado para crear la anteriormente mencionado Famosa.

Esta muñeca nació en 1958.

Medía 74 centímetros, un tamaño normal entre las muñecas españolas de la época, y tenía una figura estilizada, además de un cuerpo muy articulado, concretamente en cuello, brazos, manos, caderas, muslos y pies.
 
Primeramente se fabrica en poliestireno (un material plástico bastante duro), pero con la llegada de la máquina por soplado, empieza a usarse el polietileno, lo que hace las muñecas más resistentes, así que durante un tiempo, se fabrican modelos con cara de poliestileno y cuerpo de polietileno, pero ya en los modelos de los últimos años, pasa a ser toda de plástico, con cara de goma. Su pelo era una peluca que iba pegada en la cabeza. En los primeros modelos era de pelo natural, pero por problemas de higiene pasaron a usar las de pelo sintético. Mayoritariamente lucía una melena corta, y podía ser castaña, más clara u oscura, y en algunos modelos más raros, melena rubia.
 
Su vestuario era de lo más variado y detallado, y siempre iba a la moda de la época. Podía lucir vestidos más aniñados con unas sandalias, o maravillosos vestidos de una verdadera señorita acaudalada con tocados, bolsos, zapatos… También blusas, camisetas, chaquetas, conjuntadas con faldas o pantalones. Siempre lucía sus pendientes de fábrica, y en algunas ocasiones collares de perlas. Muchos modelos tenían pintadas las uñas de manos y pies.
 
Su rostro de las dos primeras “generaciones”, tenía ojos basculantes (que se mueven hacia los lados), unas cejas muy arqueadas que le aportan mucha personalidad, nariz ancha y una bonita boca abierta en la que se ven sus dientes y su lengua de tela.
En la tercera generación cambia totalmente: sus ojos pasan a ser durmientes, las cejas tienen un trazo más recto, y su boca, sigue conservando sus dientes, pero la lengua ya es pintada. En definitiva, su cara cambia, y se hace más ancha y menos agraciada.
 
Su precio era bastante elevado para la época, pero era un éxito en ventas y en 1959 se vendieron 16.000 unidades. Pero con la llegada de Pierina, que es más asequible y tiene unos rasgos más dulces que encandilan más a los consumidores, el reinado de esplendor de Guendalina empieza a decaer, hasta que desaparece finalmente en 1964 aproximadamente, ya que en 1965 no aparece en los catálogos.
 
Este artículo ha sido escrito por Marina http://www.elbaulddelosrecuerdos.blogspot.com.ar © 2016.
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